La presión sanguínea, es la fuerza con la que la sangre choca con la arteria, o mejor, la resistencia que opone la arteria a ser deformada por la corriente sanguínea. La máxima es de 120 mmHg y la mínima de 80 mm Hg.
El pulso es uno de los parámetros que representa la expresión
periférica de la actividad del corazón. En el adulto, la frecuencia
cardiaca (pulso) normal oscila entre 60 y 100 por minuto, menos
de 60 se considera bradicardia la cual es extrema si el valor es
inferior a 30 por minuto, más de 100 pulsaciones se considera
taquicardia y es severa si sobrepasa los 170 por minuto, la
severidad está determinada porque las cifras que sobrepasan estos
rangos, casi siempre se asocian a síntomas de bajo gasto cardíaco
(hipotensión, mareos, síncope, etc.).
En condiciones normales, cada latido del corazón ocurre
en el mismo intervalo de tiempo (por ello se dice que es rítmico),
de no coincidir esto, decimos que el individuo tiene una arritmia,
si la misma condiciona la toma del estado general, estamos en
presencia de una emergencia.
Con un examen minucioso del pulso, podemos también
determinar algunas características que nos permiten aproximarnos
a algunos diagnósticos, por ejemplo, un aumento de su
amplitud (pulso saltón), se percibe cuando existe una gran
diferencia entre la presión máxima y mínima, una disminución
de su amplitud (débil) se asocia a hipotensión y shock donde
puede llegar a ser muy rápido, y casi imperceptible.
En conclusion, estas bien, ni con una ni con otra.
bny

