La violencia es un problema social y evoluciona al igual que la sociedad; históricamente en Cuba, fue— y aún parece ser—, inferior en otros países de América como Estados Unidos, México, Colombia y El Salvador, pero crece por el deterioro general de la sociedad cubana.
Generaciones de cubanos se criaron —o llevan 40 años viviendo—, en una sociedad donde priman la imposición por un lado y la sumisión por otro: dos caras que en esa moneda que se llama Estado sirven de caldo de cultivo para la violencia como válvula de escape y solución a problemas en un régimen que genera la represión de necesidades vitales y agobio por problemas insolubles. Pero no deseo tratar este aspecto político, sino la agresividad y las agresiones.
Aunque se carece de acceso a información policial sobre el incremento de hechos violentos y no existe en Cuba “Prensa Amarilla”, por observación de la realidad y comparación con lo que ya ocurrió y ocurre en otros países podemos establecer las siguientes tendencias en la agresión en Cuba hay un incremento de la violencia con acciones crueles. La violencia verbal se multiplicó con respecto a los últimos 30 años y aunque es parte habitual de la agresión, ya visa a la agresión, no tiene el mismo valor que antes y es posible que las personas se insulten sin llegar a las manos, como ocurrió tradicionalmente entre chóferes de tránsito. No obstante, uno de los módulos operandi de los asaltantes consiste en provocar y fingir una pelea para confundir a los espectadores que creen en riñas, lo que es realmente un asalto. Crece la tendencia a pelear con objetos que improvisan como armas, palos, botellas, piedras, tubos de luz fría, así como armas blancas.
Un vecino del barrio habanero del Cerro dijo: “En el trabajo o el barrio, siempre que he visto una pelea, ha sido con armas improvisadas, y en grupo. Ya nadie pelea con las manos”.
Sin menospreciar la amenaza a las armas de fuego, estas no abundan, la mayoría son viejas y se dificulta conseguir municiones. Existe tendencia contra el caído o rendido, y conviene tenerlo presente si se es víctima de un asalto porque ya no se trata de elegir entre la bolsa o la vida, sino que arrebatan a ambas, con crueles golpizas y heridas y quien creyó salvarse rindiéndose no logra sino aumentar su peligro. Se usa agredir a traición, por sorpresa e incluso cuando ya parecía apaciguada una discusión, por ejemplo, en el transporte público, o el ómnibus.
La drogadicción hace de sus víctimas, asaltantes y agresores potenciales capaces de atacar sin razón aparente ni entender razones, y con una fuerza e insensibilidad a heridas verdaderamente sobrehumanas, aparece un nuevo tipo de agresor, insensible a golpes que pondrían fuera de combate a un hombre en estado normal.
Ya ocurre en Cuba y la televisión populariza la agresión tomando como rehén a un niño o persona débil del grupo atacado. Todo lo dicho genera el “síndrome del miedo a la calle”, que induce a no salir de noche o a portar armas generalmente blancas. Este miedo generó en el extranjero el fenómeno de las pandillas, que se organizaron en grandes grupos, con códigos de protección, y que nacieron de grupos naturales de parientes, amistades y convecinos.
Ocurre que asaltantes y personas agresivas poseen instrucción en deportes de combate o instrucción militar en combate cuerpo a cuerpo en una nación que ha librado guerra en Africa, y donde han sido instruidos militarmente decenas de millares de personas. Niños de todas las edades son víctimas de la exhibición televisiva de violencia verbal y física en programas cubanos y películas y cartones animados norteamericanos y japoneses y de videos que ven en casa por irresponsabilidad paterna. Los niños imitan, son extremos, la violencia y obscenidad del lenguaje de otros niños y en sus peleas infantiles imitan el pateo del karate y los remates en el piso, y tretas propias del celuloide.
A los que nacimos en los años 50 y 60 bajo un Hollywood más cándido, jamás se nos ocurrió en una pelea escolar patear en el piso o tomar por el pelo al vencido y golpearle la frente una y otra vez contra el respaldo de un pupitre, como ocurrió a un escolar de 12 años en la habana
La prensa calla el problema y los casos. No se enteran salvo que ocurra cerca o sean víctimas. En 2 cuadras ocurrieron en un período de 9 años 3 violaciones y 3 asesinatos. Por el mismo silencio de las autoridades, asusta que el rotativo Granma, órgano oficial del Partido comunista de Cuba (PCC), publicara sobre agresiones a la policía en sus números del 3 de marzo y el 9 de junio con mención de 6 casos: 4 en que los agredidos son policías y 1 en que fue un militar, y otro ocurrido a un custodio de prisión.
La nota del 9 de junio es parca y confusa, aparentemente los policías no supieron controlar las situaciones, y a uno de ellos —incluso—, un ciudadano le golpeó en la cara con las propias esposas conque el policía se disponía a esposarle. ¿ Que causó esa agresión y esa resistencia? Según expl

