"ACEQUIAS EN CIMAS", se lo imaginan?

Acequias en cimas (Para el Sr. Horacio Carreño Vallejo) En azules se arropa el Famatina. Hunde su enhiesta lanza sin pavura, En el cobalto limpio de su palo, Donde el otero negro se remansa. Es un himno de amor y de pureza, El blanco de su nieve sempiterna. El cono de su luz, que se modela. En auroral... mostrar más Acequias en cimas
(Para el Sr. Horacio Carreño Vallejo)

En azules se arropa el Famatina.
Hunde su enhiesta lanza sin pavura,
En el cobalto limpio de su palo,
Donde el otero negro se remansa.

Es un himno de amor y de pureza,
El blanco de su nieve sempiterna.
El cono de su luz, que se modela.
En auroral belleza de sus galas.

Es origen de linfas reidoras
Que los soles liberan de sus lirios,
Las ajorcas de piedras y de hondones,
Donde desnudas lucen transparencias.

Bajan en oros de galerías simples,
En cortejos de notas desgranadas.
Se afinan en ternuras de caricias,
Sus violines de embrujo, de milagro.

Los dueños de sus coros, de la tierra,
Prodigio del ingenio, de la hazaña,
Las captaron en las cimas de los cerros,
En canales trazados por cuchillas.

Canales de los cielos, aguas altas,
Torrentes para acequias en estrellas,
Un arte y una ciencia las modela
Para sembrar mesetas en las cumbres.

Para opimas cosechas y cosechas,
Aseguro resguardo de codicias.
Los valles tan abiertos no lo brindan,
Al oro de esas parvas sin amparo.

La vida por las cimas, por los astros,
En la dulce presencia de las aguas.
Cristalinas palabras de las nieves,
Recogidas al pie de los glaciales.

Maravilla del arte y de la ciencia
Maravilla de alzada ingeniería.
El indio dominaba la montaña,
Sus manos manejaban las corrientes.

Sus mansos con colmada maestría.
Por los cielos trazaban sus caminos.
Los días fueron cosas de prodigios,
De un hacer que hermanaba dulcemente.





Hermanaba en el verbo del anhelo,
En el hondo gozar de lo soñado.
En el himno de amor de lo divino,
Que es unción en el alma del que espera.

Por las altas cuchillas, claras aguas.
El amor, el trabajo, la belleza.
Nacen surcos de mieses en las cimas
Y los ojos en gracias de milagros.

El espíritu egregio de la raza,
En la roca palpita estremecido.
Su dolor, inmortal gime en el viento,
Su presencia alucinan los cardones.

Una historia punzante de heroismos,
De acicalado brillo de martirios.
Una lección de fe que da coraje,
Que encienden la ilusión en lo futuro.

El “Achivil” tendido en la quebrada,
Se apura con su carga sobre arenas.
Su voz es hoy la gracia de los cerros;
Los canales de arriba enmudecieron.
La Rioja, Agosto 29 de 1962.
Dr. Juan de Dios V Ocampo.
(mi tio abuelo)
4 respuestas 4