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♥ Qué es el Síndrome de Fausto?

4 respuestas

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  • hace 1 década
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    El síndrome de Fausto es un complejo entramado de síntomas psicopatolólógicos definidos esencialmente por la “bulimia intelectual”. Está relacionado conceptual y culturalmente con "la sed de saber" o "el hambre de conocimientos", modismos populares muy sugerentes para comprender la naturaleza de la enfermedad a examen.

    Los sujetos que lo padecen poseen un deseo inmoderado o compulsivo de leer, estudiar y penetrar en todos los saberes humanos sin obtener de sus investigaciones ninguna gratificación existencial, antes bien y por contra, relatan una angustia profunda y continuada, sumada a una sensación de hastío vivencial que les mantiene sumidos en una importante desazón.

    Suelen poseer una gran cultura, reglada oficialmente o no y, cuando sus recursos se lo permiten, están en posesión de enormes bibliotecas cuyo rasgo común es la discontinuidad temática de las materias allí presentes, signo fehaciente de un conocimiento errático, no lineal y estéril profesionalmente.

    El sujeto es tan consciente de su superioridad discursiva, que no consigue experimentar placer alguno en la socialización, por entender que no halla interlocutores lo bastante capacitados como para estimularle a una interacción comunicativa positiva. Cuando han de relacionarse públicamente es por force majeure. Incluso el reconocimiento público de su erudición les provoca un notable fastidio, cuando proviene de personas que poseen un listón cultural inferior al suyo.

    Parece indudable que muchas de las manifestaciones (histrionismo, narcisismo, insociabilidad, etc.) de este problema pueden ser encuadradas dentro del cluster B de los trastornos de personalidad.

    En consulta, tienden a imponerse al terapeuta con una serie de argumentaciones lúcidas cuyo único objeto sería evaluar la capacitación del mismo, al que a menudo, y en efecto, dejan confundido dada la vastedad y brillo de sus observaciones. Este hecho dificulta mucho un tratamiento efectivo del síndrome.

    En casos extremos, puede haber rasgos autolíticos, pero rara vez heterolíticos. No es infrecuente el hábito enólico. Dadas las características de este trastorno, no suele haber implicación afectiva con el sexo opuesto y cuando la hay, es dificultosa y desgraciada.

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  • hace 1 década

    Como tú sabes... el síndrome tiene que ver con la obra de Goethe, en que un hombre muy culto, quien le vende su alma al diablo, para conquistar a una mujer menor y alcanzar la sabiduría....

    En psicología, se conoce como síndrome de Fausto a un desorden obsesivo compulsivo, con la sed de saber más o el hambre de saberlo todo.... de una manera enfermiza.

    Incluso, ahora, se le conoce como "bulimia intectual".

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  • Anónimo
    hace 1 década

    SINDROME DE FAUSTO: DESCRIPCION

    Antes de definir este síndrome, es necesario entender lo que es un síndrome. La palabra síndrome es un término clínico que indica una serie de síntomas característicos de una enfermedad. Hemos adoptado este término clínico para referirnos a una condición espiritual específica, que no necesariamente es percibida por los demás.

    ¿En que consiste tal condición? Notemos que en este momento específico de la vida de Asaf, este consideró las cosas que poseían los incrédulos mucho más atractivas que Dios mismo. Las consideró tan atractivas, que llegó a codiciar y a envidiar dichas cosas: “Tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impíos”. En este

    momento sombrío de su vida, el salmista concluyó que estaba viviendo una vida de miserias, mientras se perdía de lo que realmente daba una satisfacción plena y duradera a su corazón. He aquí entonces el síndrome de Fausto: un deseo mayor por lo temporal e incompleto mas que por aquello que es pleno y duradero. Esta enfermedad sacudió al salmista de tal manera, que llegó a considerar la verdadera fe como un perder el tiempo: “Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, Y lavado mis manos en inocencia” (v. 13).

    Es importante observar que las manifestaciones de este síndrome no llegaron a exteriorizarse: “Por poco resbalaron mis pasos”. El campo de batalla se quedó en su mente y corazón. El sencillamente deseaba en su interior poseer lo que los impíos poseen y vivir como los impíos viven porque vio en ello más valor que en una vida Teocéntrica.

    Debemos entender hermanos que esto es algo serio. Dios considera esto como traición o adulterio espiritual. Es a esto que se refiere Santiago en el capitulo 4, verso 4, cuando dice: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”. La palabra griega para “quiera” es “2345676”, la

    cual implica la entrega de la voluntad hacia algo o alguien. Es como tener y vivir con mi legitima esposa, pero vivir en mi interior con un ardiente deseo de estar con una amante; eso es ADULTERIO! Por otro lado, en Jeremías 2:13 Dios expresa que lo que mas le dolió a su corazón fue ver que Israel lo había desechado a El, fuente de agua viva y había cavado para si cisternas rotas que no retienen agua.

    El eminente puritano, Richard Baxter, refiriéndose a este estado espiritual, aunque no con este nombre, señala 5 peligros del mismo:

    1- No respeta ningún tipo o clase de persona. Este síndrome puede afectar desde un miembro común hasta un líder de la iglesia como lo era Asaf. Este síndrome no respeta raza, lengua, nación, ocupación o edad..

    2- Es una antesala a la hipocresía. Seria una hipocresía servir a Dios pretendiendo en mi exterior que me deleito en El, mientras mi corazón desea otras cosas antes que a El. Imaginemos a un esposo que dice a su esposa que la ama, mientras su corazón arde por otra persona.

    Cuantas veces no hemos cantado “Solo Cristo satisface mi transido corazón”, mientras nuestro corazón en realidad anhela otras cosas antes que a El.

    3- Es una antesala a la falta de apetito espiritual. Cuando Dios es experimentado como la mayor satisfacción de mi vida, el servicio a El no será una mera obligación, sino un gran privilegio y gozo, ya que el deleite proporciona un impulso mayor que la mera obligación. Pero si no me deleito en Dios, perderé mi principal motivación para obedecerle y servirle; perderé mi apetito espiritual.

    4- Es una antesala a la apostasía. El no estar satisfecho con lo que Dios es para nosotros en Cristo convierte los placeres del pecado mas atractivos. Asaf ilustra esto de forma clara: “Por poco se deslizaron mis pies”. La LBLA traduce: “mis pies estuvieron a punto de tropezar, casi resbalaron mis pasos”. No en balde decía alguien que la apostasía externa no es mas una manifestación de la apostasía del corazón.

    5- Es una antesala a la depresión espiritual. En ninguna manera el deleitarnos en Dios garantiza que no tendremos problemas. Lo que si nos garantiza es que sobre todas las tribulaciones que se levanten en nuestra vida somos más que vencedores, ya que ninguna de ellas nos pueden quitar a la fuente de nuestro deleite: Dios. Pero una persona

    que pierde su deleite en Dios, la perdida de estas cosas en ninguna manera será ganancia.

    El síndrome de Fausto? es un complejo entramado de síntomas psicopatolólógicos definidos esencialmente por la “bulimia? intelectual”. Está relacionado conceptual y culturalmente con "la sed de saber" o "el hambre de conocimientos", modismos populares muy sugerentes para comprender la naturaleza de la enfermedad a examen. La amarga lamentación de Fausto, en el primer acto de la obra de Goethe, nos sirve para dar nombre al síndrome:

    "...Ay! He estudiado ya Filosofía, Jurisprudencia, Medicina y también, por desgracia, Teología, todo ello en profundidad extrema y con enconado esfuerzo. 'Y aquí me veo, pobre loco, sin saber más que al principio. Tengo los títulos de Licenciado y de Doctor y hará diez años que arrastro mis discípulos de arriba abajo, en dirección recta o curva, y veo que no sabemos nada. Esto consume mi corazón. Claro está que soy más sabio que todos esos necios doctores, licenciados, escribanos y frailes; no me atormentan ni los escrúpulos ni las dudas, ni temo al infierno ni al demonio. Pero me he visto privado de toda alegría; no creo saber nada con sentido ni me jacto de poder enseñar algo que mejore la vida de los hombres y cambie su rumbo. Tampoco tengo bienes ni dinero, ni honor, ni distinciones ante el mundo. Ni siquiera un perro querría seguir viviendo en estas circunstancias. Por eso me he entregado a la magia: para ver si por la fuerza y la palabra del espíritu me son revelados ciertos misterios; para no tener que decir con agrio sudor lo que no sé; para conseguir reconocer lo que el mundo contiene en su interior...''.." (''Fausto, acto primero'')

    CLÍNICA'''

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  • hace 1 década

    Desorden psicologico

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