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TRIATLÓN SOLITARIO Nadar me resultaba placentero, el agua celeste como el cielo acariciaba cada centímetro de mi cuerpo, respiraba profundo, así lo hacía cuando mansa me entregaba a tus brazos. Los delfines me acompañaron un trecho, jugaban emergiendo del agua , después me dejaron sola, como vos cuando... mostrar más TRIATLÓN SOLITARIO

Nadar me resultaba placentero, el agua celeste como el cielo acariciaba cada centímetro de mi cuerpo, respiraba profundo, así lo hacía cuando mansa me entregaba a tus brazos.
Los delfines me acompañaron un trecho, jugaban emergiendo del agua , después me dejaron sola, como vos cuando decidiste partir en silencio.
Mis brazadas son acompasadas me deslizo por el espejo de agua, intento no pensar en el pasado, añoro que se hunda en el fondo del océano para encontrar paz a mis sentimientos.
Debo llegar, demostrarme a mi misma que puedo nadar por la vida, sin tu compañía.
No es fácil, cuando has estado tan cerca, recuerdo que en este mismo sitio nos entregamos al amor que no conoce de límites cuando es tan sincero.
Falta poco para llegar a la costa, todos esperan a los corredores, un espejismo me dice que estás, es solo eso.
Seco el agua de mi cuerpo, calzo el pantalón de competición y las zapatillas que me regalaste adivino tu sonrisa cuando las compramos, te reías porque había elegido las que tenían flores y corazones, no te diste cuenta que pensando en vos mis pies serían como pájaros intentando volar alto para encontrarte en la inmensidad de nuestro universo.
El observador me entrega la bicicleta para cumplir la segunda etapa.
El camino sinuoso está bordeado de pinos, aspiro lentamente, la fragancia inundará con frescura mis pulmones.
Mientras pedaleo entre subidas y bajadas te recuerdo, siento el calor de tus besos en el cuello.
Mis manos intentan secar las lágrimas, serán agua que fecundará la tierra.
Me acercan una botellita de agua bebo con ansias, igual que lo hacía con cada uno de tus besos.
Debo correr casi diez kilómetros el paisaje se repite, atravieso un bosque, parecido al de nuestros encuentros solitarios, donde solo tenía cabida el amor que nos profesábamos.
El mundo era nuestro, locos lo habitábamos nosotros dos.
Creo escuchar tu voz que me dice: No te rindas, persigue tus sueños.
Sostengo la copa en mis manos, nadie entiende el motivo de mi llanto.
Una sombra se aleja, inconfundible recorta tu silueta amada.
¿Para qué me sirve la gloria si no te tengo?
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