¿Mujer, cuanto te interesa saber sobre orgasmo y sexo, me dices si esta nota tiene razón?

El caldero alquímico El cuerpo. Volver al cuerpo. Para Flaumenbaum, el lugar central de la energía femenina es el útero, así como para el hombre son los testículos. "Las mujeres asocian su sexualidad con la vagina, pero la acogida del hombre se produce mucho más adentro, en el útero, que los chinos llaman... mostrar más El caldero alquímico
El cuerpo. Volver al cuerpo. Para Flaumenbaum, el lugar central de la energía femenina es el útero, así como para el hombre son los testículos. "Las mujeres asocian su sexualidad con la vagina, pero la acogida del hombre se produce mucho más adentro, en el útero, que los chinos llaman "el caldero alquímico". Es la caja de resonancia en la que se encuentran y se unen las fuerzas femeninas y masculinas. Esto ocurre incluso si el órgano no está: lo que importa es el lugar energético que ocupa, y que se puede aprender a sentir. Es la energía la que crea el órgano".
Para la médica, el sexo suele malentenderse como un intercambio, un trueque que deja agotados a los amantes; ella lo entiende, en cambio, como una potencialización de cada uno. "Para una mujer, hacer el amor no es sólo darse y abandonarse al hombre amado, sino también saber acogerlo y recibirlo en ella, en su mente y su corazón, pero también en su sexo." Traza el siguiente recorrido: cuando el encuentro se produce en profundidad, las fuerzas sexuales unidas invaden los cuerpos, viajan de uno a otro, alimentan y regeneran los órganos, recorren la columna y llegan hasta el cerebro, descargándolo de obstrucciones y aclarando el espíritu.
La autora se limita a observar el intercambio amoroso heterosexual. Pero está claro que a idéntica entrega, igual dimensión de goce entre amantes del mismo sexo. Y si no, habrá que preguntarle a Pamela Madison. Esta acupunturista californiana creció en una familia de tradición mormona. Como diría Woody Allen, represión sexual era su segundo nombre. Pero llegando a la adolescencia, se propuso que no conocería el sexo hasta no encontrar una forma coherente de integrarlo con su vida espiritual. La encontró en el tantra. Empezó por leer, siguió por probar, y cuando al fin tuvo relaciones por primera vez, a los 22 años, fue todo lo que esperaba y más. Hoy vive para contarlo. O, más bien, enseñarlo. ¿Qué es lo que enseña? Que los principios del tantra –que en sánscrito significa tejido– pueden aplicarse a cualquier orientación sexual, aunque tradicionalmente se asociaran con el encuentro sagrado entre el lingam y el yoni (genitales masculinos y femeninos).
El camino que propone Madison es una ferviente y decidida autoexploración. "La manera en que nos enseñaron a pensar el sexo –dice la voz pausada del otro lado de la línea– no sirve para nada. Aquello del sexo 'hot', la búsqueda del placer por el placer mismo, el esfuerzo por seducir todo el tiempo... a la larga, eso es lo que hace las que mujeres digan: 'Basta, me cansé'. No nos enseña a ir más profundo, a conectar con la energía propia y la de la pareja. Si una mujer puede descubrir quién es sexualmente, como quien encuentra otra pieza del rompecabezas, gana en satisfacción, tenga o no tenga pareja, tenga o no tenga orgasmo".
Esto no quiere decir que Pamela subestime el poder del orgasmo. Lo que propone es sacarlo de los parámetros estrechos que enseñan los medios y las películas. ¿Orgasmo vaginal o clitoriano? "Qué más da? –responde–: eso es tan reduccionista... El orgasmo puede partir de cualquiera de esos puntos, o del punto G, o de las caricias en otras partes, o de un lugar tan profundo en el cuerpo que no hay forma de ponerle nombre." De todos modos, ella se declara partidaria de los masajes del punto G (un tejido rugoso ubicado en la pared interior de la vagina, enfrentado a la espalda). "He advertido que es un reservorio de vivencias antiguas, y si las mujeres soportan un estímulo prolongado, no sólo facilitan la eyaculación sino que despiertan recuerdos olvidados y secretos de sus psiquis".
En sus talleres, Madison enseña a las mujeres menopáusicas a evitar los síntomas del climaterio sin píldoras ni hormonas; sólo con trabajar los chakras bajos (centros energéticos) mantienen vibrante su energía sexual. "Yo me estimulo todas las mañanas, y mediante la respiración llevo la fuerza de mi orgasmo a mi sonrisa, a mis ojos, a las puntas de los dedos. Después de eso, mi estado de ánimo es una bendición para todos los que me cruzo en el día".
La ciencia la respalda: una vida sexual rica y asidua es lo que más se asemeja al elixir de la juventud. ¿Cómo? El orgasmo libera una catarata de hormonas: la feniletilamina (que segregamos cuando nos enamoramos), responsable del estado de euforia; la dehidroespiandrosterona (que contribuye a mantener sano el sistema inmune y retrasa el envejecimiento); endorfinas (generan bienestar y alivian dolores); estrógeno y testosterona (pilares de la sexualidad); y, tras el clímax, oxitocina (la hormona que segregan las mujeres al parir, y que estimula el vínculo con el bebé).
Pero de nada serviría generar este torrente químico con trucos de laboratorio. Hay un camino directo, una medicina antigua y eficaz: la entrega amorosa. Quizá por eso, voces autorizadas señalan que el mayor placer sexual se descubre en la madurez, cuando las personas se sienten suficientemente seguras de sí mismas para poder mostrarse
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