¿*****Aquellos celos*****?

No brillaba la luna, ni estrellas había, no soplaba el viento, ni siquiera llovía. El cielo lleno de nubes, en la ventana una cortina azul de rejilla, rebotaba y molestaba. El mar estaba agitado, y a lo lejos, la luz de un faro avisaba, que la costa estaba varada y que habría marejada. Tu rostro mostraba... mostrar más No brillaba la luna, ni estrellas había, no soplaba el viento, ni siquiera llovía.
El cielo lleno de nubes, en la ventana una cortina azul de rejilla, rebotaba y molestaba.
El mar estaba agitado, y a lo lejos, la luz de un faro avisaba, que la costa estaba varada y que habría marejada.
Tu rostro mostraba inquietud, anhelo, en aquellos días, a cada momento y un cigarrilo encendías.
Yo, envuelta en una manta me distraía, con tus movimientos inciertos.
¿ Qué pasaba por tu mente?, para cambiar tan de repente.
Tu piel conservaba aún el color del verano, tus ojos tan verdes, tu cuerpo perfecto..
Extasiada de tanto encanto, me sentí privilegiada de ser dueña de ti, hermoso animal, parecías en aquellos días, tan poco racional.
Con tu mirada extraviada, con el torso desnudo y yo envuelta en aquella manta, no se presumía que la noche, pudiese dar para más.
Porque con tu calor y mi frío, en poco se podría pensar y más con tu cara de espanto, se perdía cualquier encanto.
Las horas fueron pasando, solo el silencio respondía..
Me vestí y me fui a cambiar de aires, hastiada ya, de tanta apatía.
Desde el muelle, hasta la playa, fui lanzando piedrecitas, queriendo que el mar contestara, el porqué, de tu aptitud tan cansada y amargada.
Agotada ya, de vagar, decidí volver a aquel nido y pensé que te encontraría dormido
Mi intención llenarte de besos.
Me volví loca de celos, ¿ dónde estabas a esas horas?
La furia que yo sentía, no tenía contención, era algo así como un ciclón, como una resaca y me arrastraba hacia una corriente de sentimientos confusos, que maltrataban mi mente.
Salí a buscarte, no podía entender, que aquellas palabras de amor, que en tantas noches susurrabas, fueran absurdas mentiras.
¿ Por qué entonces decías que tanto me amabas?
Llegué hasta la orilla, crucé con miedo el pinar, trepé por las rocas del faro, miré al cielo llorando , esperando, que si acaso saliera la luna, dijera en secreto, en donde podrías estar, porque de tristeza moría, creyendo que me podrías traicionar.
Con el rostro lleno de lágrimas, tan abatida estaba, que no me percibí, que alguien se acercaba.
Giré despacio mi cuerpo, sonriendo me abrazaste y con aquel beso dijiste.
Salí a buscarte, quería saber si los paseos que por las noches dabas, eran para deleitarte..
con un absurdo amante.
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