¿ Se puede cambiar el destino?

Sería estupendo poder parar el tiempo, viajar en él y cambiar lo que sucedió… No pienses que te olvido y hoy que el otoño se viste de primavera, pareciera que la escalera me invita a divisar aquella autopista por donde se fue tu pista. Quedó un surco de tus huellas las que pisaste conmigo y en cada espacio... mostrar más Sería estupendo poder parar el tiempo, viajar en él y cambiar lo que sucedió…

No pienses que te olvido y hoy que el otoño se viste de primavera, pareciera que la escalera me invita a divisar aquella autopista por donde se fue tu pista.
Quedó un surco de tus huellas las que pisaste conmigo y en cada espacio ahora vacío, dio un salto el otoño y se perdió el estío.
Recuerdo tus ojos verdes y aquel pelo arrubiado, la expresión de niño travieso y también aquel beso.
Fuiste tenaz como el que más, yo fui caprichosa, pero contigo dichosa.
Tenía a tu lado la felicidad y creías que yo contigo jugaba y no sabías cuanto te amaba.

Una tarde de primavera, lucía el tímido sol, antesala del verano, contemplábamos el mar rozando el malecón, por el cual tantas veces habíamos ya caminado y sentados en lo más alto, alguna ola saltarina desparramaba sus gotitas con sal, agradeciendo que fueran allí siempre nuestras citas.
Daba sombra a la playa una pequeña montaña y cuando llegaban las seis, perdía la luz la arena quedándose ella en pena.
Con los zapatos en la mano, tantas veces corrimos por la playa, cortábamos con nuestros rostros la brisa, que llevaba nuestra prisa.
El destino era subir al faro, aquel ya abandonado, en donde las gaviotas confusas buscaban la luz que una vez hubo y a ellas detuvo.
Subíamos por la escalinata, era como un caracol, pero al llegar hasta arriba siempre esperaba el sol.
Pequeñas cucarachas emprendían sus marchas y mis gritos te hacían reír cuando me subía a la única mesa que quedaba recordando que alguna vez alguien hizo allí el resumen del día y quizás también consumió su vida.
Algo sucedió en aquella semana que no habíamos ido, cuando llegamos la puerta del faro estaba tapada, no había forma de subir.
Aquello hizo que nos fuéramos a una gran peña, sobre aquella roca nos reíamos de las olas tan enormes, las esquivábamos y con risa creíamos que las burlábamos…
Mi risa se quedó helada, una gran ola te arrastró, caíste por el acantilado y el mar en minutos te ocultó.
Bajé desesperada por el acantilado y este mordía y destrozaba mi ropa, me lancé a las aguas intentando encontrarte, pero las olas me tapaban y yo necesitaba respirar, pero no me dejaba el mar.
Salí por la playa medio vestida, y allí al cruel mar miré, supe que de mi lado para siempre te había apartado.
Por la escalera vi como te llevaban a descansar a tu tierra añorada, yo me quedé con tu risa en mis labios y con las gotas saladas del mar que no me harán jamás olvidar.

Azul.

Noooooooooo

Una historia no puede tener este final, es triste, es perder un amor.

Así que tengo que cambiar el destino:
Bajé desesperada por el acantilado y este mordía y destrozaba mi ropa, me lancé a las aguas intentando encontrarte, pero las olas me tapaban y yo necesitaba respirar, pero no me dejaba el mar.
Salí por la playa medio vestida, y allí al cruel mar miré, supuse que de mi lado para siempre te había apartado.
Me senté en la orilla, ya me disponía a llamar para avisar, sentí tu risa diciendo “ no te puedes quedar viuda sin antes haberte casado”
Emprendimos felices y vivos, la vuelta a la ciudad.

No pienses que te olvido y hoy que el otoño se viste de primavera, pareciera que la escalera me invita a divisar aquella autopista por donde se va y siempre vuelve tu pista.

Azul. 13-11-2010
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