Anónimo
Anónimo realizada en Sociedad y culturaReligión y Espiritualidad · hace 9 años

¿Creyente, ¿podría el ateo alcanzar la vida eterna en Dios?

Creo válido preguntarse: ¿por qué Dios nos pidió una prueba de amor y de confianza, tan difícil?

¿Por qué, dándonos sentidos y cerebro, haciéndonos 'tan humanos', nos pide algo tan sobrenatural, como lo es creer en lo que no vemos ni tocamos?

Y, ¿sería válido para un(a) creyente, creer que Dios NO nos pide tal esfuerzo y que no es condición para la salvación eterna, el creer en Él? ¿O no?

Habiendo estado en este lugar el tiempo que he estado, conociendo tantos ateos en forma personal, habiendo hecho amistad con ellos, queriéndolos tanto...en fin, habiéndome acercado tanto a ellos y a sus razonamientos en cuanto al ateísmo, los comprendo tanto...

¿Es posible que una persona, cuyos razonamientos son tan humanos que no puede creer en nada sobrenatural pero que, respeta al prójimo respetando el Nombre de Dios y las creencias religiosas; que es una persona de bien y que, sobre todo, EL AMOR y la bondad, la caridad, son las virtudes que mueven sus palabras y actos y que dominan su vida, ALCANCE LA VIDA ETERNA EN DIOS?

Creo firmemente que SÓLO EL AMOR SALVA y que no el que diga: 'Señor, Señor'...

Creo en un Dios tan sumamente, infinitamente misericordioso, comprensivo, compasivo que no alcanzo a comprender el castigo hacia un ser de amor...

....cuanto más observo seres humanos de puro amor, tanto y tanto más conozco y me acerco a Dios...¿cómo es posible que un ser humano tan pequeño y limitado comparado con Dios, perdone y bese la mano que clava la daga hasta el fondo de su corazón, por amor (a modo del Cristo amante de sus verdugos en la Cruz); cómo es posible para un ser humano perdonarlo todo y poseer tanto amor y tanta sensibilidad que trascienden toda lógica 'humana'...cómo es posible amar de una forma tan intensa...cuánto más, cuánto más Jesús, el Amor Perfecto...?

Hay seres humanos tan, tan, tan buenos...tan...

De hecho, creo que es más factible que alcance la vida eterna quien ama al prójimo y al AMOR MISMO (sin aceptar que está amando a Dios porque es fiel a sus 'sentidos y razonamiento'), que se salve aquel que dice amar a Dios y, se dice religioso pero que no ama ni respeta al hermano que ve, sea este quién y cómo sea.

Por favor, mi pregunta apunta a paliar mi falta de conocimientos.

Gracias por sus amables respuestas.

Que tengan un fin de semana hermoso y, sobre todo, rebosante y rebozante de amor junto a sus dichosos seres amados.

Gracias.

♥ Pαtгเ ∂є Jєsús ♥

Actualizar:

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Si, la principal causa del ateísmo es la falta de pruebas de que Dios existe y estas se deben a Su silencio, a su falta de intervención evidente, palpable, directa, perceptible con sentidos y razón....

....si nos ama 'humanos', imperfectos; si no quiso que fuéramos ángeles casi perfectos que lo adoran y LO VEN;

si nos dio un mundo material para 'administrar' y nos dijo: 'creced, multiplicaos...ámense los unos a los otros...'

¿No son estas condiciones suficientes para la salvación eterna?

Si lo hubiera querido de otra forma, ¿no hubiera intervendio más 'sensiblemente'?

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Actualizar 2:

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¡Cuántos ateos SÍ cumplen la Voluntad de Dios, que es AMAR!...creo que ésta es la cuestíon....

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39 respuestas

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  • hace 9 años
    Mejor respuesta

    Patri:

    Desde una posición de fundamentalismo cristiano, la respuesta obvia es que ninguna persona atea sería salva. Esta forma de pensar es muy común en el protestantismo y aún entre sectores católicos que no han asumido del todo la renovación doctrinal (que en realidad no es renovación, sino el retorno a las raíces mismas del mensaje evangélico, para responder, desde ellas, a las realidades contemporáneas) a que nos exhortan el Concilio Vaticano II y las encíclicas papales de las últimas décadas.

    Porque a la luz de dicho magisterio eclesial y de la esencia del mensaje de Cristo, la respuesta es un rotundo sí. Paso a considerar cuatro puntos en torno a esto:

    Primer punto: El magisterio post-conciliar de la Iglesia y el carácter extensivo (universal) de la gracia divina. El magisterio eclesial posterior al Concilio Vaticano II señala el carácter extensivo y misericordioso de la gracia divina, la cual actúa por caminos que no son de nuestro entero conocimiento y se derrama abundantemente en muchas esferas humanas, tanto religiosas como no religiosas. La bondad humana, dondequiera que opera, puede según dicho magisterio ser manifestación y receptáculo de dicha gracia aún en ausencia del don de la fe, que viene a concebirse como la consciencia explícita (como bien dice Masm) del origen y la meta últimos de esta bondad. Pero el caso es que la gracia actúa (si bien de distintas maneras, según sea ese nivel de conciencia explícita), sobre la base de la bondad. Es decir, la gracia no hace acepción de personas en razón de su creencia o no creencia sino en razón de su bondad, aunque en presencia de la fe dicha acción de la gracia divina puede multiplicarse porque la fe implica una mayor y más consciente reciprocidad entre la bondad del sujeto y la acción santificadora de Dios.

    Segundo punto: La integración de la dicotomía “fe-obras” desde la perspectiva de una ética moral de alcances extensivos. El mismo magisterio eclesial post-conciliar refiere a la buena voluntad de ese sector de la humanidad que, sin conocer a Dios ni confesar una fe religiosa, transita por la existencia por vías morales valiosas, humanizadoras y constructivas. Al transitar por dichas vías, adscritas a concepciones trans-rreligiosas, incluso seculares, del bien (justicia, fraternidad, solidaridad, generosidad, honestidad, responsabilidad), este sector de la humanidad puede estar cumpliendo la voluntad divina de mejor manera que ese otro sector, tan común, que confiesa una fe religiosa pero no guarda congruencia moral. Cabe añadir que desde la perspectiva de la ética cristiana la noción del bien y el cúmulo de consecuencias éticas que le son propias vienen a obtener su pleno sentido en el amor, atributo esencial de Dios, lo que permitiría concluir que toda vida moralmente positiva es grata en alguna medida a Dios, aún cuando quien la adscriba no posea fe religiosa o incluso se niegue por razones de su conciencia crítica individual y de su libre raciocinio a aceptar la posibilidad de dicha fe.

    Tercer punto: La concepción cristiana de Dios como infinitamente misericordioso, antagónica a la concepción teológica judía de un Dios celoso de su propio culto, con rasgos vengativos e iracundos. Es preciso señalar que la concepción de Dios en la teología cristiana requiere una exégesis profunda entre cuyas tareas sobresale la diferenciación entre los rasgos divinos congruentes con la Persona y el mensaje de Jesucristo y los rasgos divinos que proceden de la tradición judía vetero-testamentaria, rasgos estos últimos que inevitablemente estuvieron presentes en el ministerio apostólico de la iglesia primitiva (todos los apostóles eran judíos). En la historia de la Iglesia esta necesaria diferenciación no siempre ha estado presente, lo que explica en gran medida los vicios medievales del maniqueísmo moral, el énfasis pastoral en la condenación eterna, la presentación de una imagen punitiva de Dios y la existencia de prácticas tan horrendas e incongruentes como la inquisición. Puede comprenderse que la imagen del Dios vetero-testamentario fue adecuada a dos realidades circunstanciales de índole histórica: los atributos compartidos de las deidades antiguas en el entorno geográfico de Israel y los pueblos circunvecinos, por un lado, y el carácter fundamentalmente nacionalista y excluyente de la identidad judía. Pero el mensaje de Cristo (por el cual fue crucificado por los mismos judíos, no hay que olvidarlo) rompió radicalmente con tales realidades circunstanciales, que venían a la postre a ser ejes axiológicos incuestionables de una identidad judía sumamente arraigada, pues presentó a Dios como Padre amoroso de toda la humanidad, en especial y precisamente las personas que los judíos satanizaban como pecadores e idólatras, expulsados de la Alianza de Dios con Abraham y su descendencia elegida. Sí, el mismo Jesucristo presentó en más de una ocasión argumentaciones similares a la tuya cuando confrontó a los fariseos, quienes en virtud de su identidad religiosa y ritualista se juzgaban los únicos justos ante Dios, al afirmarles que aquellos a quienes ellos rechazaban y condenaban podían estar más cerca del Reino de Dios y de su justicia que ellos. Samaritanos, prostitutas, paganos, usureros, borrachos, incrédulos… desafortunadamente la perspectiva paulina, muy influenciada por un judaísmo remanente, se apartó de esta enseñanza del Cristo en algunos puntos de su predicación y de sus epístolas. Cabe suponer que sucedió algo similar con otros apóstoles.

    Cuarto punto: La reconceptualización del testimonio cristiano en el mundo secular y pluralista de la postmodernidad. Punto que cae como consecuencia de la vuelta a las raíces del mensaje de Cristo (universalidad del amor divino, amor divino ante todo como gratuidad y misericordia) y de la aplicación coherente del magisterio eclesial actual. Esto se relaciona con la pregunta que hice hace algunos días sobre la frase “misericordia quiero, no sacrificio” con la que Jesús confrontó alguna vez a los fariseos. Como cristianos nuestro testimonio no se ha de basar en el juicio y la condenación, tampoco en la segregación ni en la arrogancia moral, ni en el proselitismo exclusivista. El mundo actual pide un testimonio fundamentado en la solidaridad humana sin distingos de credo-no credo, engarzado firmemente en la noción del respeto a las posturas, incluido el ateísmo, para la búsqueda del bien común y para la promoción de referentes éticos y normativos universales. Ello no implica renunciar a nuestra fe cristiana ni ocultarla por temor o un respeto mal entendido, sino aprender a ver a todos los miembros de la humanidad como hermanos (por cuanto nos sabemos hijos de un mismo Padre) y aprender, lo que ha de ser tarea muy ardua, a valorar y aprovechar la diversidad en todo cuanto tenga de positivo por adscribirse a valores universales tanto tradicionales como emergentes.

    Paz y Bien, amiga. No escribo más porque ya lo hice demasiado. Hay ateos a los que aprecio mucho y mi fe me dice que un día nos encontraremos, felices y quizás un poco azorados, en la misma mesa. La del Cordero.

  • hace 9 años

    un rotundo NO.

    según:

    Mateo

    7:21 No son los que me dicen: "Señor, Señor", los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo.

    7:22 Muchos me dirán en aquel día: "Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu Nombre? ¿No expulsamos a los demonios e hicimos muchos milagros en tu Nombre?".

    7:23 Entonces yo les manifestaré: "Jamás los conocí; apártense de mí, ustedes, los que hacen el mal".

    Ya que ningún ateo cumple la voluntad del dios judeo cristiano.

    y muchos que se dicen creyentes tampoco.

    Y Victoría U, según el dogma judeo cristiano, tiene razón: "no es solo decir ke se tiene fe, sino demostrarla con obras de misericordia."

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    me olvidaba

    Apocalípsis 21:8 Pero los cobardes, los INCRÉDULOS (osea ateos), los depravados, los asesinos, los lujuriosos, los hechiceros, los idólatras y todos los falsos, tendrán su herencia en el estanque de azufre ardiente, que es la segunda muerte".

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    este texto no es mio - pero sigo diciendo que los ateos no están considerados dentro de los planes de dios y la vida eterna.

    ¿Qué es la voluntad de Dios? , la voluntad de dios es:

    - El arrepentimiento hacia Dios y la fe en Jesucristo – Hech 20:21

    - Confesar a Jesús como Señor – Rom 10:10

    - Siendo bautizado en Cristo para la remisión de los pecados – Hech 2:38

    - Seguido por una vida de servicio fiel a Cristo, confesando nuestros pecados a lo largo del camino – Apoc 2:10; 1 Jn 1:9

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    es el mismo caso en las 3 religiones monoteístas

  • Anónimo
    hace 9 años

    Tu razonamiento parte de un error, Amor y Dios no son sinónimos.

  • Malamente me doy cuenta ahora de tu pregunta, pues he postulado una sobre lo mismo y peor aún, que palidece frente a tu exposición.

    Sin embargo respondo gustoso

    Creo que el amar a Dios está en el buscarle, en el encausarnos conforme lo que él desea para nosotros y que cosa sería, sino la felicidad?

    Y que cosa nos lleva a la felicidad, sino el amor?

    Y no acaso muchos que se dicen ateos se encausan hacia el amor, tanto como muchos creyentes atinadamente hacen?

    Y no acaso muchos que se dicen creyentes viven de forma hipócrita, totalmente contraria a lo que Dios, el Dios en que dicen creer desea para el hombre?

    Y no tanto así muchos ateos, que dicen "abrazar la razón" pero actúan de forma contraria a esta en perjuicio de los demás y en perjucio suyo también?

    No acaso pareciera pues, que el amar a Dios no exige el declararlo con palabras, sino con los hechos que demuestran dicho amor?

    Pero aún ahí, no sostengo que se pueda trascender en Dios, es decir, alcanzar la "vida eterna" sin creer en Dios, sino que más bien opino que el hombre que vive en el amor, AMA A DIOS Y LE CONOCE, así se haya olvidado de "su nombre".

    Si Dios es Amor, el principio donde todo lo bueno nace y el fin a donde todo lo bueno llega... como más conocer a Dios, sino haciendo lo bueno? Como más amar a Dios, sino amandonos y amando a los demás?

    Quien sería el que conoce a su esposa? El que la llama por su nombre? O el que la respeta, la procura, la cuida y procura para ella todo lo bueno? Podemos decir que "conocemos" a alguien porque sabemos como se llama o porque vivimos a su lado, pero de cierto no le conoceremos nunca a menos que nos interesemos por lo que se interesa ese alguien.

    Así pues, concuerdo en que el ateo podría alcanzar la salvación de Dios, pero no porque no conociendo a Dios haga conforme Su voluntad, sino porque conociéndolo, así no lo reconosca de forma consciente, o reniegue de Él, actúa conforme lo que su intuición de Dios y su razón por Él brindada dictan, que es el Bien.

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  • Anónimo
    hace 9 años

    Quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos. Mateo 10, 32-33..¿Como podría yo alcanzar un beneficio si yo mismo lo rechazo voluntaria y libremente? Pues si, ellos también aman pero ellos tienen otras motivaciones y no el misterio de la eternidad en cambio el creyente sabe que cada peldaño que sube es un paso mas hacia la eternidad, el cristiano sabe que el solo no puede es cuando descubre que Dios esta a su lado. El cristiano sabe que su amor tiene un sabor a eternidad y eso es algo que les falta al amor de los ateos.

  • Anónimo
    hace 9 años

    Es imposible dado que:

    a) Todo ser vivo acaba muriendo, descomponiéndose y perdiéndose (disipándose) toda su energía por el Espacio. JAMÁS volverá a ser, ni en forma de materia ni en forma de energía.

    b) Dios no existe.

    Ergo: nadie va alcanzar vida eterna, independientemente del grado de misticismo que desarrolle en su única vida.

    Que las bendiciones de Ahura Mazda y Ahriman (los antecesores de tu dios/diablo) se desparramen sobre mí y el resto de los ateos.

  • hace 9 años

    Si los ateos o no cristianos se salvan por sus obras o buena forma de ser, entonces CRISTO murió en VANO.

  • hace 9 años

    Hola querida amiga:

    ¡Excelente pregunta! ¿Qué puedo agregar ante tan brillante y convicente exposición que tú misma has hecho?

    Creo que lo implícito y lo explícito pueden valer en este caso por igual. El creyente explícitamente ama a Dios, conscientemente sabe que la procuración del bien es una adecuación de nuestra vida con la Voluntad de Dios. El no creyente (sea porque no conoce a Dios, sea porque en su búsqueda honesta de la verdad no ha logrado encontrarlo utilizando el instrumento más valioso que Dios mismo nos concedió -la razón-, sea porque no posee el don de la fe), si vive conforme al bien (accesible por la vía de la razón y la buena voluntad), si vive en el amor, si sus frutos y sus obras gritan que vive conforme al Amor de Dios, es igual o más fiel a Dios, desde su implícito, que muchísimos creyentes.

    Como bien dices, no se trata de decir "Señor, Señor", sino de cumplir la Voluntad de Dios, aún sin pronunciamiento (creencia explícita) de por medio. Jesús afirma "por sus frutos los conoceréis", y nos enseña que seremos juzgados por nuestro amor al prójimo ("porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, etc."). San Pablo es también elocuente al afirmar que "sin amor nada somos". Nuestra vocación es "ser perfectos como el Padre celestial es perfecto", es imitar a Cristo quien "pasó por el mundo haciendo el bien". Santiago afirma también que "la fe sin obras es fe muerta". De todo ello se desprende que si vivimos en el amor, agradamos a Dios, aun sin proponérnoslo, como un fruto de la buena voluntad de nuestro ser.

    La fe en Dios (la fe de corazón, la fe que se traduce en obras), el conocimiento de sus mensajes de salvación, es para quienes somos cristianos la vía ordinaria y más eficaz de acceso a la vida buena y a la trascendencia en Dios. No obstante, existen vías alternas o secundarias que valen igual o más que esta vía primaria. Digo "más" pues sin duda alguna agrada más a Dios un ateo que opta por el bien por convencimiento racional y por moralidad propia, que un creyente fariseo e hipócrita (como hay, o existimos, tantos) que piensa ingenuamente que su profesión oral de fe o su ritualismo lo acercan a Dios y anulan la incongrencia moral de su vida.

    Afirmó el Concilio Vaticano II, superando el arcaico "extra ecclesiam nulla salus" (fuera de la Iglesia no hay salvación):

    «Quienes ignorando sin culpa el Evangelio de Cristo y su Iglesia, buscan, no obstante a Dios con un corazón sincero y se esfuerzan bajo el influjo de la gracia, en cumplir con obras Su Voluntad, conocida mediante el juicio de la conciencia, pueden conseguir la salvación eterna ('Lumen Gentium', 16)».

    «Esto vale no solamente para los cristianos, sino también para todos los hombres de buena voluntad, en cuyo corazón obra la gracia de modo invisible. Cristo murió por todos, y la vocación suprema del hombre en realidad es una sola, la Divina. En consecuencia debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en forma conocida solamente por Dios, se asocien a este misterio pascual ('Gaudium et spes', 22)».

    No hay razón para ser "más papistas que el papa". Si la Iglesia admite la existencia de medios extraordinarios de salvación, tal como ya lo he expuesto y tú lo has apuntado magistralmente, yo creo firmemente en que el Amor de Dios quiere la salvación para todos. Dios conoce nuestras debilidades, nuestra falibilidad; Dios sabe que la consecusión del bien para un ser imperfecto es un esfuerzo constante y nunca exento de omisiones y desviaciones; Dios nos dotó de una razón que tiende hacia Él y hacia el Bien (cuyo absoluto es Él mismo), pero que es incapaz de acceder a la verdad absoluta. Y si el Señor Jesús no condenó, sino que antes bien satisfizo la petición de santo Tomás, que exigía "ver para creer", no podemos sino comprender a aquellos que no alcanzan la dicha de "creer sin haber visto", pues su vía de conocimiento no les permite trascender a la creación para llegar al Creador. Por todo ello, estoy convencido del Amor de Dios hacia todos quienes buscan la verdad y el bien con sincero corazón.

    Saludos querida amiga y felicidades por las excelentes respuestas que has recibido (saludos amigos Silverstar, Jimmo y Eugenio V, mi admiración para sus excelentes respuestas).

    Muchas gracias por tus palabras, amiga Silverstar. Como se pone de manifiesto, existen opiniones divergentes sobre este tema, pues es tenue la línea que divide el ecumenismo del relativismo. Mi respuesta sólo está sustentada en mi entera confianza en la misericordia de Dios. Qué Él se apiade de todos nosotros pecadores, pues nadie es finalmente digno de la salvación, sino que ésta es un don gratuito de la misericordia de Dios; como dice el Salmo 8, 5: «¿qué es el hombre para que pienses en él, el ser humano para que lo cuides?». Saludos a todos.

  • Hola Patri!!!!!!!!!

    Aki no cuenta nuestros razonamientos humanos, ke son imperfectos, sino lo ke Jesus nos enseña.

    Si bien el ke profesa la verdadera fe esta en el camino correcto, esto sabemos muy bien ke no significa ke se salva, ya ke como bien decis, no es solo decir ke se tiene fe, sino demostrarla con obras de misericordia.

    Por otro lado, los ateos, en teoria, son akellos ke conociendo a Dios, lo niegan porke razonan humanamente y todo deben comprender con el conocimiento humano, sin permitirse abrir los ojos y ver ke Dios todo lo contiene. Recordemos ke Jesus dijo: ek ke me niegue a Mí, yo lo negare ante mi Padre, y Jesus es la Verdad, y no puede cambiar la Verdad porke es una sola y eterna. Comprendo bien tu punto de vista de ke hay gente realmente altruista y ejemplar, yo tambien conozco a varios, pero nosotros no juzgamos, justamente porke la balanza nuestra esta influida por los sentimientos, ese rol es exclusivo de Dios ke es el Justo Juez.

    Muchos doctores de la Iglesia escribieron sobre este tema, y es realmente contundente, como yate explike. Solo pueden alcanzar la salvacion akellos ke les llaman ignorantes irreversibles, ke son los ke no conocen a Dios, ni escucharon jamas hablar de El y no tienen la posibilidad de hacerlo nunca. A estos si se los juzgara en el amor.

  • Anónimo
    hace 9 años

    TENES MUCHA RAZÓN, TAMBIÉN TENES QUE PREGUNTARTE , QUE PASARA CON AQUELLOS CREYENTES QUE MATAN POR EL NOMBRE DE DIOS , VOS PEN SAS QUE ESOS SE MERECEN PERDÓN. NO POR DECIR YO CREO EN DIOS , YA ESTAS A SALVO .

    SOY CREYENTE

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