¿Ya conoces tú la leyenda sobre el día y la noche?

Cuentan los abuelos que hace mucho tiempo, los espíritus de la noche y el día no estaban conformes con lo que le brindaban al mundo; ellos deseaban tener vida y se parte del mismo mundo que ellos protegían. El espíritu del día, impetuoso y candente como el sol, deseaba gobernar y regir el mundo; mientras que el... mostrar más Cuentan los abuelos que hace mucho tiempo, los espíritus de la noche y el día no estaban conformes con lo que le brindaban al mundo; ellos deseaban tener vida y se parte del mismo mundo que ellos protegían. El espíritu del día, impetuoso y candente como el sol, deseaba gobernar y regir el mundo; mientras que el espíritu de la noche, fresco y seductor como un atardecer frente al mar, sólo deseaba vivir como los humanos: trabajando y esfórzandose en ser mejor cada día.

Fue así que los espíritus de la tierra, el aire, el fuego y el agua, les concedieron el deseo de estar vivos, pero le dieron a cada uno la figura de un majestuoso felino: el día vistió de piel ambar y una tupida melena, para reinar la selva; y a la noche la sedosidad del cielo y un tono oscuro como el del universo. El día sería un león y la noche una pantera.

Si bien día y la noche ya se conocían desde que eran espíritus, en la tierra no habían aún cruzado su camino, cuando por falta de lluvia les vino una sequía, y ambos por instinto llevaron a sus propias manadas hacia la única toma de agua lejana de ambos territorios, donde coincidieron al acechar a las presas. Sacando fortalezas de flaqueza ambos líderes de su especie daban caza a sus presas, peleando por los herbívoros para alimentar a su manada, con esfuerzos casi nulos porque el alimento escaseaba cada día más.

El león en ejercicio ancestral de gobierno pidió negociar con el pantera en terreno neutral. Ellos acordaron, por el bienestar de ambas manadas a su cargo, cazar juntos y no pelear más por las presas. Al compartir esas actividades, luchar por sobrevivir, compartir secretos y curar heridas producidas por las cornamentas de sus presas… el día y la noche se enamoraron.

Pero, ¿cómo un león amando un pantera?, ¿cómo el día y la noche podían estar juntos sin extinguir al otro?

Al caer las primeras gotas de lluvia reflejaron sus miradas sin palabras transmitiendo la agonía de la separación, las manadas serían salvadas, la tierra recuperaría sustento en la cadena; fueron dos almas, dos cuerpos dos espíritus en pronta agonía, al caer la primer gota de lluvia.

Los espíritus de la tierra, al ver quebrantados a sus hermanos los rodearon cual luces de aurora, convinieron un trato por el bien de ellos: durante el alba y el ocaso, en esos minutos que no sabemos si es noche o día, ellos serían espíritus libres para reencontrarse, y para las demás horas ser cada cual lo de siempre: el día y la noche, el león y la pantera.

Fue todo lo que pudieron tener para consumar su amor: minutos entre la eternidad.
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