¿ Qué más se puede dibujar ?

Algún que otro día me acerco hasta la playa, preferentemente al mediodía, no suelo decir a nadie a donde voy, pero esa cita que con el mar tengo, jamás me la habré de perder… Es invierno, hace frío, hay viento en la costa, el viento que despeina y pega en la cara con los granitos de arena, yo lo sé, pero no me... mostrar más Algún que otro día me acerco hasta la playa, preferentemente al mediodía, no suelo decir a nadie a donde voy, pero esa cita que con el mar tengo, jamás me la habré de
perder…
Es invierno, hace frío, hay viento en la costa, el viento que despeina y pega en la cara con los granitos de arena, yo lo sé, pero no me importa, así que recojo mi pelo en un gorro de la lana y dejo que el viento siga buscando mi pelo para despeinarlo.
Me gusta sentarme en una roca que aparece cuando está la marea baja, esa roca es mía y me espera, es como una atalaya reducida, porque se divisa mucho más de lo que se piensa y solo lo sabe quien se acerca a ella
En ocasiones hay alguien pescando en las piedras más altas, otras veces las gaviotas buscan desesperadas algo que poder comer. Se acercan a mi, poco les puedo dar, nunca llevo comida en mi bolso, tal vez algún bombón o pequeña galleta que regalan con el café y lo reservo para el perro de una amiga.
Creo que es toda una familia de gaviotas, todos adultos, niños no veo, son todas iguales, libres, sin hijos, ni ataduras, libres para volar o bajar a la arena a verme dibujar.
Hoy me entretuve dibujando a un hombre, no era alguien que pasara, era alguien en quien en ese momento me inspiré. En la hoja del block, todo era un espacio diáfano, abierto, sin espesuras, ni muros, el hombre caminaba de espaldas con una silueta difusa, tal vez confusa, sus manos en los bolsillos de la chaqueta, quietas, con miedo a extenderse.
A lo lejos dibujé una escalera que se perdía al difuminarla, el hombre iba hacia la escalera, pero en su tobillo arrastraba una gruesa cadena.
En la escalera hice un bosquejo de mi misma, sentada en el segundo peldaño, yo le esperaba. Allí, así sentada le podría ver su cara, porque yo desde la roca, le había dibujado de espaldas…
El mismo dibujo me inspiró un poema y aunque el viento levantaba las hojas del cuaderno, conseguí escribir…

Aunque camines de espaldas,
al frente te voy viendo,
Encadenado a tu pena,
con una gruesa cadena.

Estoy en otra frecuencia,
en donde está la irrealidad.
Aquella que se pisa cundo se quiere
y se guarda para descansar.

Mi mundo lo hago como quiero,
lo vuelvo mil veces del revés.
Me subo a la torre de un castillo
y bajo una nube para mi.

Le doy un soplo a la nube,
sus gotas se desparraman
y cada gota la vuelvo a elevar,
con otro soplo que le doy.

Tu eres esa nube…
la que mis manos alcanzan,
la que moldeo a mi antojo
y en un verso la recojo.

No vendrá un viento que la lleve,
porque yo primero la divisé,
la dejaré siempre a mi vera
y jamás de mi podrá marchar.

Azul. 18-2-2011
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