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Comparto con Ustedes un cuento, reconozco que no es un relato corto, más si lo abreviara perdería su esencia. IMÁGENES REVELADORAS Adriana pese a su juventud es una reconocida psiquiatra. Muy joven recibió el titulo de médica, años después con excelentes notas logró la especialidad en psiquiatría. Los... mostrar más Comparto con Ustedes un cuento, reconozco que no es un relato corto, más si lo abreviara perdería su esencia.


IMÁGENES REVELADORAS

Adriana pese a su juventud es una reconocida psiquiatra.
Muy joven recibió el titulo de médica, años después con excelentes notas logró la especialidad en psiquiatría.
Los primeros años se dedicó a atender en hospitales.
Tiempo después abrió su propio consultorio.
Para tal fin compró un pequeño departamento en una localidad sureña.
La intención primitiva consistió en que los futuros pacientes encontraran un lugar al que no le faltaran comodidades.
Siempre había soñado con tener un espacio despojado de la frialdad que tienen los típicos lugares donde atienden los médicos.
Mullidos sillones ocupaban la sala de espera.
Coloridos almohadones y plantas de interior lo transformaban en un lugar acogedor.
En el hogar de piedra ubicado cerca del ventanal, crepitaban los leños.
Fotos con paisajes vestían las paredes.
Correr las cortinas posibilitaba acceder a postales de la naturaleza.
La bahía permitía a los cerros desplegar los brazos de piedra conteniendo el mar bravío.
Refugio de pescadores, mudo testigo de amores que se desatan sin la presencia de miradas curiosas.
Ambiente propicio para la charla íntima entre profesional y paciente.
En los últimos tiempos había acotado las consultas, ello le permitía dar cátedras en la universidad.
Publicar sus trabajos en revistas científicas.
Tarde invernal.
Árboles desnudos esperando vestirse con el blanco que otorgan los copos de nieve.
Despide a la asistente con el cariño de siempre.
Instantes después el silencio se corta con el sonido del teléfono.
Grisel su amiga de la infancia, compañera de estudios, la reclama.
Necesita realizar una interconsulta.
Le cuenta que tiene un enfermo especial, que ha probado distintos tratamientos sin obtener los resultados deseados.
El último recurso que le queda es la hipnosis.
Adriana es una experta, viajará a Buenos Aires en la próxima semana.
Dispone todos los preparativos para el viaje, los niños serán contenidos por la señora que la acompaña desde siempre y es parte de su familia.
Prepara el equipaje, en el de mano enrollará una imagen especial que le regalara un cacique de un pueblo originario.
El aeropuerto está colmado de pasajeros, causas naturales han generado la suspensión o cancelación de muchos vuelos.
Terminados los trámites observa la pizarra, el suyo solo tendrá demora de poco más de una hora.
Nada significa ese tiempo cuando se vive intensamente.
Ningún contratiempo puede perturbar a la pasajera.
El pájaro plateado hace rugir las turbinas.
En instantes estará volando entre las nubes que colman el firmamento.
El encuentro con Grisel no pudo ser más auspicioso, risas y abrazos coronan el abrazo de bienvenida.
Esta tarde se encontrará por primera vez con M.
Hombre de pocas palabras.
No tiene la apariencia tosca que quiere mostrar.
A cada pregunta responde con monosílabos.
El desafío es grande.
Con el propósito de no intimidarlo concretan una nueva entrevista.
Hombre solitario, a veces irritante.
El jean y la campera de lana negra son incapaces de ocultar el alma desnuda.
La profesional será cauta,
Sobre el escritorio despliega distintas imágenes, nada inmuta a M.
La psiquiatra recuerda otras que guarda.
Es hora de mostarle las que contienen manos.
Manos anónimas, distintos colores inmóviles.
Adriana sabe que no será necesario recurrir a la hipnosis.
M trata de ocultar las primeras lágrimas.
El llanto de un hombre es conmovedor aún para un psiquiatra que conoce los vericuetos insondables de la mente.
Las amigas se reúnen para llegar a una conclusión dolorosa.
M es un ser solo, no importa si alrededor tiene a su familia o a seres que intentan estar cerca.
Las manos que vio en las imágenes, las que provocaron un llanto incontenible, son las que no tiene en la vida real.
M es un humano que se niega a recibir cariño, taciturno, huraño.
Ninguna máscara podrá ocultar los sentimientos que nacen en la profundidad de un corazón de acero.
Paciencia, conocimiento, más la suma de sentimientos traerán la cura definitiva.
La ciencia ha hecho lo imposible para regresar a M a la realidad.
Las dos profesionales saben que solo un amor muy grande logrará que ese adulto joven alguna vez pueda volver a sonreír.
Adriana y Grisel han culminado su trabajo.
El destino se ocupará del resto.
Saben que un hombre solo, que se niega a recibir el más noble de los sentimientos, se puede comparar con un autómata.
Ambas esperan que ese ser ciego, alterado, abra su corazón para disfrutar de la vida.


http://www.youtube.com/watch?v=J5Tc8kuNG...

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