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Anónimo
Anónimo realizada en Arte y humanidadesHistoria · hace 8 años

¿Necesito una historia de alguna mascara medieval, por favor?

Necesitamos elaborar una mascara pero tenemos que tener la historia de esta

1 respuesta

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  • Anónimo
    hace 8 años
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    Una de las miniaturas que recoge un Psalterium triplex, conservado en la Biblioteca de Saint John College (Cambridge), suscita varias reflexiones en torno al uso del disfraz y de la máscara en la Plena Edad Media. Se trata de la imagen doble del manuscrito B 18, fº 1r. Ya sólo por su disposición —en la parte inferior del folio y debajo de una escena paralela— es posible deducir que se trata de una imagen negativa y, por tanto, cargada de connotaciones infernales. No por nada el infierno, para el imaginario escatológico del cristianismo, se situaba geográficamente abajo.

    Interesa en particular la figura central, de rasgos animalescos, probablemente un oso, muy usual en compañía de juglares, ya que los espectáculos con este tipo de animales salvajes deleitaban a las masas. Los osos procedían del mundo fantástico y tabú de los bosques, de manera que verlos domesticados suponía una especie de milagro que fascinaba al público.

    Sin embargo, también podría tratarse de un juglar disfrazado con MÁSCARA. Desde el siglo IV d.C., la tradición eclesiástica denunciaba el empleo de máscaras como una intervención del demonio por ser un tipo de falseamiento —las mentiras siempre han sido de origen infernal— y, al mismo tiempo, un rechazo de la obra divina, ya que se alteraba el aspecto que Dios dio al ser humano (piénsese que es muy similar a lo que sucedía con el maquillaje, uno de los trucos femeninos más denostados por la Iglesia y los moralistas en base a los mismos principios).

    De hecho, las máscaras no solían estar muy presentes en las obras teatrales medievales, a diferencia de lo que sucedía en las representaciones dramáticas romanas; pero no resultaba inusual en ritos funerarios o fiestas carnavalescas. Por poner un ejemplo, Paciano, obispo de Barcelona a fines del siglo IV, escribió un tratado en el que condenaba la celebración de las Kalendas catalanas. A pesar de que, desafortunadamente, dicho tratado se ha perdido, sabemos que parte de su crítica se basaba en el rechazo a la costumbre del Cervulum facere, esto es, de ‘hacer el ciervo’, por el que hombres y mujeres se dedicaban a bailar, disfrazados de ciervos o de cabras. Ello implicaba el uso de máscaras de ciervo, así como de pieles de animales y, tapados con semejantes disfraces, se dedicaban a cometer toda clase de excesos y orgías. De tal guisa aparecen varios juglares en una miniatura que representa un baile de Cervulus en el Livre d’Aleixandre.

    En la Edad Media parece ser que la costumbre de disfrazarse de animal astado (ya fuese de ciervo, ternera, becerra o de alguno similar), estaba muy extendida dado que en más de un texto de la época se prohíben taxativamente tales disfraces. Cabría pensar si su éxito podría deberse a que todavía perduraba el recuerdo del dios celta *Cernunnos, un espíritu deificado del animal macho cornudo, símbolo de la fuerza y la fecundidad; o de su versión griega, el macho cabrío o sátiro que acompaña a Dionisos.Usualmente, las máscaras eran caras artificiales monstruosas, a menudo animalescas (en oposición a la del hombre), que cubrían el rostro. De igual manera, podían ser pintadas sobre la piel siguiendo una tradición de origen pagano antiguo, aunque poco usual en la Edad Media, que debió subsistir y resurgió más tarde en commedia dell’arte italiana. Ilustrativos son los canecillos del templo de San Pedro de Cervatos, en Cantabria, muestra del Románico hispánico del siglo XI.

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