¿Cómo era tu escuela primaria?

Mi escuela primaria ocupaba un tercio de manzana. La construcción era del primer tercio del siglo pasado, y la ampliaron a comienzos de los setenta con diez aulas y baños nuevos. La parte edilicia no superaba el 20 por ciento del terreno. El resto era parque. Había palos borrachos, palmeras, amapolas, sauces,... mostrar más Mi escuela primaria ocupaba un tercio de manzana. La construcción era del primer tercio del siglo pasado, y la ampliaron a comienzos de los setenta con diez aulas y baños nuevos. La parte edilicia no superaba el 20 por ciento del terreno. El resto era parque.

Había palos borrachos, palmeras, amapolas, sauces, pinos, paraísos, y no sé cuantos tipos de árboles más, además de piletones de arena, canchas de handball y fútbol, de tierra pero canchitas al fin. Una campana indicadora de todos los horarios, y el mástil con la bandera, izada con Aurora y arriada con su marcha.

Era de jornada completa, nos daban desayuno era un café con leche con pan y manteca, un almuerzo de dos platos y una fruta, y una merienda de mate cocido y pan con mermelada. Muy simple y económico, pero muchos íbamos por el menú y porque permitía a los padres trabajar y tener a los pibes todo el día, educándose al aire libre y alimentados. Así había chicos que venían desde Morón o Laferrere, aunque la escuela estuviera en Floresta.

En mi caso, iba por lo antedicho y porque era la escuela del barrio, según me dijeron en mi familia. Pero para mí, me querían tener lejos de casa mañana y tarde…. No me hacía problema por eso, mas bien disfrutaba porque no tuve hermanos, y podía pasar casi todo el día con compañeros y amigos de mi edad. Aunque las milanesas con puré y bajar moras o coquitos de palmera a piedrazos también formen parte de las cosas mas lindas de mi infancia en ese lugar.

En cuarto grado (justo para la época del mundial de fútbol de Alemania 74) un día me encontré perdidamente cautivado por una nena que, aunque fue compañerita mía desde primero, a partir de ahí la empecé a mirar con otros ojos. Pero fue un amor secreto. Secreto de mi parte, porque todos los demás se avivaron que me gustaba esa nena. Hasta séptimo me gastaron, y yo siempre negándolo… Ella, por supuesto, fue la que primero se dió cuenta.

En séptimo, la chica en cuestión, cansada de esperar que yo reconozca mis sentimientos y me decida a afanarle un beso aunque sea como prenda de algún juego, me “traicionó” bailando con mi peor enemigo, mi eterno rival de ajedrez del otro séptimo. Así conocí la “crueldad” femenina, sin anestesia y siendo aún casi niño.

En sexto, en una pelea en el baño, una ventana entreabierta me llevó por delante y casi pierdo el ojo. Se interrumpió el pleito pugilístico, y terminé en el hospital. Por supuesto, hasta el día de hoy, toda mi familia desconoce en que circunstancias me tragué la ventana.
Además muchos del otro sexto aún hoy niegan que fue la ventana lo que me dejó un hematoma en el ojo.

Mis “seños” fueron espectaculares. Desde la hippona hasta la sargento, pasando por María Isabel, que fue la “Señorita Miel” de los setenta, pero con un toque mas sensual. Todas las chicas querían ser como ella, y todos los varones estábamos idiotizados con su sonrisa.

Esta escuela era pública, gratuita, increíblemente bella como construcción centenaria, como ilustradora en mi infancia, y con su parque increíble y enorme. Hoy en día es una plaza, demolieron la parte edilicia y los muros perimetrales,

… aunque si pasan por ahí, todavía pueden comerse unas riquísimas moras.

Sólo tengan cuidado, como todos mis compañeritos y yo, de no mancharse el guardapolvo para no cobrar después.
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