¿Que opinan de este articulo? "ADIOS A LOS REDONDITOS"?

Adiós a los redonditos Es hoy que la cultura light, con todo y sus mayonesas, ha triunfado. Haciendo todo bajo en calorías y rico en vitaminas y hierro. Extirpándole la grasa a los hábitos alimenticios y rebajándoles las calorías al máximo. Y como las calorías son las unidades con las que se miden las cantidades de... mostrar más Adiós a los redonditos
Es hoy que la cultura light, con todo y sus mayonesas, ha triunfado. Haciendo todo bajo en calorías y rico en vitaminas y hierro. Extirpándole la grasa a los hábitos alimenticios y rebajándoles las calorías al máximo. Y como las calorías son las unidades con las que se miden las cantidades de calor, la supremacía de lo light también ha enfriado la cultura. Mientras todos se saludan con besos y abrazos efusivos las sociedades se enfrían calmadamente y lo superficial gana terreno. La superfluidad, que era innecesaria, se ha vuelto necesaria. Tanto para saludar a las personas por el día, la noche y la mañana, como para estar en reuniones académicas, de negocios o trabajo. Todo mundo se respeta por encimita porque eso es muy democrático mientras se revienta por la espalda. La vida cotidiana ha adquirido un toque de diplomacia cocinada en casa, el tacto y la discreción son sus banderas. Al ocultar las verdades, la hipocresía se ha convertido en el vínculo social de moda.
Muchas cosas se han vuelto lights, ligeras y de poca monta. Desde los Sprites hasta el yogurth Yoplait, los pasteles Sara Lee, la leche Alpura y la música que se pone en los lugares en donde se vende todo eso. Los centros comerciales, después de todo, se han convertido en esos recintos sagrados del consumo posmoderno. Cajas, bolsas, envases, etc., antes de llevar un precio de por medio, llevan un envoltorio hecho de publicidad llamado marca que en el fondo parece susurrar al oído: cómprame. La calidad de los productos es garantizada por una firma comercial cuyo prestigio social determina el precio de los mismos. Las marcas libres, que ejemplifican la falta de prestigio, son como fantasmas de la ópera. Son lo feo en donde todo está bonito y bien acomodado. Después de todo lo feo nunca falta donde está lo bonito. Y como casi todo lleva sellos comerciales, lo bonito y lo feo también. El que no mata sus neuronas con lo feo de las drogas o el alcohol, las mata con lo bonito de la moda. Sin embrago, como lo bonito necesita de lo ligero, lo superfluo, lo delgado y lo light, la salud física y mental se han convertido en una obsesión contemporánea.
No es fortuito que el control del colesterol sea un problema de vital importancia para muchos. La anorexia y la bulimia, después de ser padecimientos casi exclusivos de bailarines y modelos, se han difundido tanto que en estos momentos usted podría tener al lado una de esas extrañas personas que le rinden tributo a su propio cuerpo casi a manera de religión. Es paradójico, pero mientras más o menos la mitad de la población mundial se muere de hambre, la otra mitad parece empeñarse en estar a dieta. El control del peso corporal es un aspecto central en la vida diaria, tanto que a las horas de trabajo hay que sumarles las horas de gimnasio y a las horas de ocio hay que quitarles con la voluntad, que es otra clase de fuerza, pero subjetiva, las ganas de comer eso que los hábitos culturales piden por naturaleza. Adelgazar el cuerpo engorda el ego porque el ego estrena cuerpo. Por alguna extraña razón ahora, lo gordo es feo y estar gordo, lo es aún más. Porque se supone que lo gordo es ausencia de fuerza de voluntad y baja autoestima, mala distribución de los afectos en la persona. Es lo contrario de mente sana en cuerpo sano. Lo que se opone a la ligereza del mundo contemporáneo. Como no puede flotar en los ambientes sociales, la gordura es hundimiento en sociedad. Más que ser una patología producto de los desórdenes alimenticios o de una predisposición genética, es lo que desencaja con el mundo de las imágenes que están bien ordenadas y acomodaditas. El exceso de grasa ofrece al cuerpo un contorno circular que se opone a la cuadratura de los cuerpos musculosos. Por ello a los gordos se les compara, para agredirlos y denigrarlos, con pelotas, tinacos circunferencias y todo aquello que simule lo redondo y sus derivados.
Y en un mundo en donde la cuadratura ha ganado superioridad con respecto a la circularidad, nadie quiere ser redondito. Tanto las canchas donde se practica todo tipo de deporte como los edificios repletos de burócratas, los salones de fiesta, las pantallas de las computadoras, las páginas de un libro y los libros como este, los cuerpos musculosos y hasta el pensamiento formal, son cuadrados. Donde reina la cuadratura no se permite la circularidad. Lo cuadrado siempre lleva rigidez por dentro, los sistemas jerárquicos y de poder son el mejor ejemplo de ello. La rigidez nulifica la creatividad, la innovación y la memoria, por lo que es imposible proponerse ser creativo, inteligente y romántico. Lo que hace flexible y más divertida la vida, lo que reblandece las normas y los conservadurismos, es un extraño compuesto de tres elementos: creatividad, inteligencia y afectividad, que no operan por separado. Un cuadro, más que ser una cosa que puede colgarse en las paredes, es un conjunto de personas que componen una organización mientras que un círculo, más que ser una superficie.
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