shsh realizada en SaludSalud mental · hace 6 años

¿necesito ayuda?

Necesito un consejo, soy una chica de 20 años y soy muy timida, cuando las personas son mejores que yo, y cuando estoy con amigos, familia y con cualquier persona es tanto mis nervios que empiezo a sudar y cuando sudo me siento mal y prefieron retirarme del lugar en donde estoy, pero cuando estoy solita el problema del sudor desaparece o disminuye consireblemente. he probado muchas cosas, me quite las glandulas sudoripadas de las axilas lo cual no funiono, es por eso que pienso que mi problema es mental. y he decidido hacer algo porque no quiero que se me vaya mi juventud escondiendome. Quisiera su opinion si saben si debo ir a un psicologo o un psiquiatra y si alguien de Guatemala me contesta quisiera que me sugirieran a alguien. Gracias

1 respuesta

Calificación
  • Daisy
    Lv 4
    hace 5 años

    Estimada amiga shsh, todas esas cosas suceden debido a la gran timidez que tienes. Aquí te copio un artículo que me pareció muy interesante y espero te ayude.

    ¿QUÉ ME PUEDE AYUDAR A ENTABLAR CONVERSACIONES?

    SHARON es una joven sensible y tímida por naturaleza. En una entrevista con ¡Despertad!, admitió: “Cuando me presentan a alguien, no sé qué decir. No quiero decir algo inoportuno que quizás le siente mal”. Los jóvenes tímidos, como Sharon, tienen que hacer un gran esfuerzo para conversar.

    En otros casos quizás sean las diferencias étnicas lo que levante una barrera en la comunicación. Consideremos el caso de Lucas, un joven sudafricano de raza negra que entró a formar parte del personal interracial que publica esta revista en los idiomas locales de Sudáfrica. “Para un negro —explicó— representa un gran choque cultural sentarse a la mesa y compartir una comida con blancos. Me puso nervioso venir aquí y vivir con blancos, pues nuestros antecedentes son diferentes. Me preguntaba si se aceptaría lo que yo dijese. Toma tiempo vencer esta sensación.”

    Incluso dentro del mismo grupo étnico, en ocasiones surgen obstáculos que dificultan la comunicación. Un sudafricano llamado Pieter recuerda: “Me crié en una granja, aunque con el tiempo mi familia se trasladó a la ciudad. Yo podía hablar sobre la vida en la granja, pero la vida en la ciudad era muy diferente. Me quedaba asustado escuchando la conversación de mis amigos, y no decía nada”.

    Si tienes un problema similar a uno de estos, ¿qué puedes hacer?

    CÓMO VENCER LA TIMIDEZ

    ¿Te sientes turbado en la compañía de otros? Ánimo, este es un síntoma común del crecimiento. Durante los años de la adolescencia uno empieza a tomar conciencia de sí mismo, y los jóvenes están sumamente pendientes de lo que los demás piensan de ellos. Muchas veces evitan ser el centro de atención y dicen lo menos posible.

    “La timidez —explica el doctor Tony Lake en su libro Loneliness (Soledad)— es una especie de protección. La persona tímida se salva de cometer errores, porque la timidez le impide correr el riesgo de parecer o sonar ridículo.” Puede que a los tímidos les entren sudores de solo pensar en tomar parte en una conversación. No se ven capaces de reunir el valor suficiente para hablar, y si lo hacen, las palabras les salen embrolladas. Los que les escuchan tal vez se muestren perplejos o hasta se rían. Si esto es lo que te sucede, ¿qué deberías hacer?

    “La respuesta —explica el doctor Lake— estriba en concedernos tiempo y en no cometer el error de pensar que uno es una persona rara. Deberíamos concentrarnos en escuchar hasta que nos sintamos capaces de hablar el tiempo que sea necesario.” (Compárese con Santiago 1:19.) Esta manera positiva de abordar el problema ha ayudado a muchas personas tímidas, como es el caso de Irene. Ella comenta: “Cuando otros conversan, escucho con atención y así aprendo de ellos. Luego investigo y estudio sobre la materia para obtener más datos. Si vuelve a salir el tema, puedo hablar de él”.

    ¿Y SI TE INTERPRETAN MAL?

    A veces tus esfuerzos sinceros por conversar tal vez produzcan una reacción negativa: lo que dices se interpreta mal. Tampoco en este caso debes tomar tan en serio estos incidentes que hagan que te encierres en tu concha. “No te des prisa en tu espíritu a sentirte ofendido, porque el ofenderse es lo que descansa en el seno de los estúpidos”, dice Eclesiastés 7:9.

    La Biblia nos habla de David, un joven a quien hace mucho tiempo se interpretó sumamente mal. Su padre lo envió para que llevase un regalo a sus hermanos mayores, quienes servían en el ejército israelita. Al llegar, David se escandalizó cuando oyó los escarnios del gigante filisteo Goliat. “¿Quién es este filisteo incircunciso para que tenga que desafiar con escarnio a las líneas de batalla del Dios vivo?”, preguntó a los soldados. Eliab, uno de los hermanos de David, llegó a oír su comentario y se enfadó. Interpretó mal el motivo de su joven hermano para ir allí y dijo: “Yo mismo conozco bien tu presuntuosidad y la maldad de tu corazón, porque has bajado con el propósito de ver la batalla”. (1 Samuel 17:26-28.)

    Es posible que a ti también te hayan interpretado mal en alguna ocasión. Si así es, no dejes que eso te hunda. Igual que el buen motivo de David pronto quedó revelado, tus esfuerzos sinceros por entablar una buena conversación con el tiempo también serán recompensados. La Biblia nos asegura que “las obras excelentes son públicamente manifiestas”. (1 Timoteo 5:24, 25.) Así que sigue intentándolo.

    SE NECESITA EMPATÍA

    ¿Cómo puedes empezar? “La forma de comunicación más productiva —dice Larry L. Barker en su libro Communication— es la interacción que manifiesta empatía. Empatía significa comprender profundamente a los demás, identificarse con lo que piensan, sentir su dolor, compartir su gozo.” Un ejemplo sobresaliente de alguien que mostró esta cualidad es Jesucristo. En cierta ocasión comenzó una conversación con dos de sus discípulos que se lamentaban por su muerte. Sin manifestar su verdadera identidad, el resucitado Jesús preguntó: “¿Qué asuntos son estos que consideran entre ustedes mientras van andando?”. (Lucas 24:17.)

    Ambos se mostraron sorprendidos de que aquel “extraño” no hubiese oído de los trágicos sucesos que acababan de ocurrir en Jerusalén. “¿Qué cosas?”, preguntó de nuevo Jesús. Esto dio comienzo a una animada conversación, y después uno de los discípulos hizo la siguiente observación: “¿No nos ardía el corazón cuando él venía hablándonos por el camino, cuando nos estaba abriendo por completo las Escrituras?”. (Lucas 24:13-32.) Sí, Jesús disfrutó de muchas y buenas conversaciones porque escuchaba a otros y mostraba empatía. (Juan 4:7-26.)

    CÓMO INICIAR UNA CONVERSACIÓN

    Te habrás dado cuenta de que la conversación a la que nos acabamos de referir se inició con una simple pregunta. Las preguntas son ideales para iniciar conversaciones. Por supuesto, nos resulta fácil pensar en una pregunta sobre un tema que nos interesa mucho, pero eso no siempre conduce a una conversación animada. Recuerda la exhortación de la Biblia: “Preocupándoos no solo de vuestras cosas, sino también de las cosas de los demás”. (Filipenses 2:4, Martín Nieto.) Así que lo que se necesita es que pienses en una pregunta que tu interlocutor disfrute de responder, y eso es algo que requiere empatía. Quizás tengas que escoger un tema que no te atraiga en absoluto, pero es muy posible que seas recompensado con una respuesta entusiástica y con muchos datos valiosos.

    El autor Les Donaldson menciona “diez maneras sencillas de iniciar una conversación”. Siete de sus sugerencias tienen que ver con preguntas: preguntar sobre el pasado de una persona, solicitar consejo, ayuda, una opinión, una orientación, preguntar sobre costumbres locales o restaurantes locales. Sea cual sea la pregunta, debe formularse con sinceridad. También debes prestar atención a cómo escuchas. Si permites que tu mente y tu mirada divaguen, es probable que la persona que te responda tenga sus dudas de que estés verdaderamente interesado en lo que te va a decir.

    Las otras tres sugerencias de Donaldson para iniciar conversaciones son: comentar sobre un suceso local; hacer una observación sobre algo que se considera digno de alabar, como el paisaje; dar algún cumplido. “Si buscas cosas por las que elogiar a otros, las encontrarás en abundancia”, dice el mencionado autor en su libro Conversational Magic, pero añade esta advertencia: “La gente se da cuenta cuando un elogio no es sincero y es muy posible que no conversen por mucho tiempo con una persona que no es sincera”.

    Sin importar cuál sea el “gancho” que utilices para entablar conversaciones, el persistir en el esfuerzo suele producir resultados. Pongamos por caso a Sharon, a quien mencionamos al principio. Ahora tiene veintidós años, y ha hecho grandes progresos en superar su timidez. Desde que fue entrevistada, hace dos años, ha llegado a ser ministra de tiempo completo de los testigos de Jehová y dedica más de mil horas al año a la obra de visitar a personas desconocidas y comenzar conversaciones bíblicas. En cuanto a Lucas y Pieter, ya llevan muchos años trabajando juntos en la publicación de literatura bíblica en la sucursal de Sudáfrica de la Sociedad Watch Tower, y te costaría creer que hubo un tiempo en que les representaba un problema entablar conversaciones.

    De modo que, si por alguna razón te resulta difícil entablar una conversación, no te des por vencido; más bien, concédete tiempo. Escucha a otros. Estudia y lee para mantenerte al día con los temas de actualidad. El cultivar el arte de conversar enriquecerá tu vida y contribuirá a la felicidad de otros.

    Dedica unos 4 minutos adicionales a ver este interesante vídeo http://www.jw.org/es/video-por-qu%C3%A9-estudiar-l...

    Por favor, déjame saber qué hiciste y muchas gracias por tu tiempo. Un saludo fraterno

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