pablo realizada en Arte y humanidadesHistoria · hace 1 mes

¿reflexión sobre la economía de la dictadura en uruguay ?

2 respuestas

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  • Anónimo
    hace 1 mes

    La dictadura uruguaya (1973-1985) forzó al exilio a cerca de 380.000 personas, casi el 14% de la población. El exilio empezó siendo algo temporal en los países vecinos para poder continuar la militancia contra el régimen.

    Ser militante supone negar que la militancia los convierta en víctimas. La tortura, la prisión o la muerte son solo consecuencias de esa lucha.

    En los años más duros de la represión dictatorial, el exilio deja de ser algo temporal para convertirse en un exilio en países más lejanos y de larga duración.

    Pronto, las diferentes organizaciones militantes en el extranjero comprobarán que para denunciar la situación del Uruguay ante organismos internacionales deben modificar su discurso. Será mediante la adopción del lenguaje transnacional de los Derechos Humanos. Su discurso se aleja del lenguaje militante para hablar de víctimas y deja de ver como algo normal las consecuencias humanas de la represión.

    En un país donde las asociaciones de víctimas no surgen casi hasta el final del conflicto, el discurso de la diáspora tendrá eco en los primeros reclamos de la sociedad uruguaya durante la recuperación democrática.

    A través de una reconstrucción de la evolución del discurso de diferentes colectivos, nos acercamos a la manera en la que la sociedad uruguaya construye un concepto de víctima y cuáles son sus consecuencias bajo una política de Estado del silencio.

  • hace 3 semanas

    Preguntarse por la noción de víctima adoptada por el gobierno de la transición política implica conocer las circunstancias históricas que lo rodean y las medidas adoptadas. En el caso uruguayo es interesante acercase a los reclamos de la militancia en el exilio para ver de qué manera se construye esta noción y los cambios que sufre en su pasaje desde el discurso reivindicativo a su concreción en una política transicional y sus consecuencias a treinta años de la recuperación democrática.

    1 Yaffé, Jaime (y otros) La dictadura cívico-militar. Uruguay 1973-1985. Banda Oriental, Montevideo, (...)

    2 Decreto del Poder Ejectuvio. 27 de junio de 1973.

    3 Demasi, Carlos, (coord.), Cronología comparada de la historia reciente del Uruguay. Montevideo, Fun (...)

    2El golpe de Estado que dio origen a la dictadura cívico-militar uruguaya (1973- 1985) estuvo precedido de una grave crisis política, económica y social1 durante el gobierno de Pacheco Areco (1967-1972) que dejó en evidencia la falta de capacidad por parte de los partidos políticos tradicionales para encontrar salidas viables. El presidente electo Juan María Bordaberry disuelve las cámaras el 27 de junio de 1973 y habilita a las Fuerzas Armadas y a la policía a “adoptar las medidas necesarias para asegurar la prestación ininterrumpida de los servicios públicos”2. De forma previa al golpe, el poder ejecutivo comenzará a utilizar las Medidas Prontas de Seguridad3, previstas en “caso grave e improvisto de conmoción interior” de forma sistemática. En septiembre de 1971 se autoriza la creación de las Fuerzas Conjuntas para que las Fuerzas Armadas y la policía asumieran la “lucha antisubversiva”.

    4 Universidad de la República. Investigación sobre la dictadura y el terrorismo de Estado en el Urugu (...)

    5 Serpaj, Uruguay Nunca Más. Informe sobre la violación a los Derechos Humanos (1972-1985), Serpaj, U (...)

    6 Según datos del Museo de la Memoria de Montevideo, Uruguay.

    7 Asumimos la periodización propuesta por Luis Eduardo González en 1983, aceptada por la historiograf (...)

    3El sistema de vigilancia sistemático de la sociedad uruguaya escapa a las fronteras nacionales e instaura una verdadera “cultura del miedo”. Un ejemplo de ello es el Certificado de Fe democrática que distinguía a la ciudadanía en tres grupos “A”, “B” y “C” según su “grado de peligrosidad” necesario para efectuar cualquier trámite. El grado “C” autorizaba incluso la detención inmediata por parte de las autoridades4. La dictadura trajo consigo el desmantelamiento de las organizaciones sociales y sindicales, su ilegalización, la detención de sus miembros bajo una táctica de tortura sistemática, encarcelamiento prolongado y masivo5 y desaparición forzada o en su defecto, el exilio forzoso. Se calcula que unas 380.0006 personas se vieron obligadas al exilio entre 1963 y 1984 por motivos económicos o políticos, casi el 14% de la población. El período de fuerte represión al que hacemos referencia se inscribe en la etapa “comisarial”7 de la dictadura.

    4El 30 de noviembre de 1980 el Gobierno de facto realiza un plebiscito para aprobar una nueva Constitución que institucionalizaba la intervención militar en el gobierno. De forma inesperada el resultado fue la victoria del “no” con 946.176 votos (57%), frente a 707.118 votos (43%) a favor del “sí”. Este hecho va a acelerar el tránsito hacia unas elecciones nacionales con cientos de proscriptos y bajo estricto control de los partidos. El año 1983, previo a las elecciones, estará marcado por las manifestaciones masivas contra la dictadura como la del 27 de noviembre de 1983 convocada por todos los partidos políticos al pie del Obelisco de los Constituyentes de 1830 bajo la consigna: “Por un Uruguay sin exclusiones – Por libertad, democracia y trabajo”. El Pacto del Club Naval culmina el día 3 de agosto de 1984 con la aceptación por parte de los militares de una fórmula de transición. Con el lema “El cambio en paz”, el 28 de noviembre de 1984 las elecciones dieron el triunfo electoral del Partido Colorado (derecha tradicional) con Julio María Sanguinetti como nuevo presidente con el 41,2% de los votos, frente al 35% del Partido Nacional (derecha tradicional) y el 21,3% recogido por el Frente Amplio (coalición de izquierdas).

    5Retomando algunos rasgos del exilio uruguayo en Francia, buscaremos reflexionar sobre la evolución de su militancia y de su discurso. A continuación, tomaremos en cuenta el contexto de la transición política para ver en qué medida la sociedad uruguaya recupera el discurso construido por la diáspora y si éste es asumido en las leyes de transición. Por último, haremos referencia a la forma de institucionalización del pasado reciente en Uruguay para analizar la evolución que ha sufrido el tratamiento de las víctimas. ¿Quiénes son las víctimas de la dictadura? ¿Han cambiado? ¿Quién enuncia a las víctimas? Estas son algunas de las preguntas a las que intentamos dar respuesta mediante un acercamiento a la manera en la que la sociedad uruguaya construye una noción de víctima y cuáles son sus consecuencias bajo las políticas desarrolladas por los gobiernos sucesivos respecto del pasado reciente.

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    6 Para muchos de los uruguayos forzados al exilio, instalarse en Argentina o Chile fue una opción que se vio favorecida con la llegada al poder de Héctor Cámpora y Salvador Allende respectivamente. El exilio se da en oleadas según la persecución política, que en un primer momento se dirige contra los tupamaros8. Instalarse en el Cono Sur, daba la posibilidad de estar cerca para continuar la labor política y de militancia. Esta situación no duraría mucho tiempo. Los sucesivos golpes de Estado, en Chile, a tres meses del uruguayo y tres años más tarde en Argentina implicaron la ampliación de la persecución política más allá de las fronteras, obligando a los exiliados a emprender un segundo exilio. Si hasta entonces era considerado temporal, el exilio se convertiría en un período de larga duración en lugares más lejanos. Entre los países de acogida destacan Venezuela, México y Cuba en el continente americano y Suecia, Suiza, Holanda, Francia, Dinamarca, España, entre otros en Europa.

    7 Cuando hablamos de exilio hacemos referencia a un fenómeno complejo, con características propias desde el punto de vista individual y colectivo. Nos parece pertinente recoger la reflexión de Silvia Dutrénit que lo define como:

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